16.May.07

Una historia sobre el dejar huella de los indí­genas mayas

El 16 de enero del 2006, el delegado zero, SCI Marcos, se reunió con adherentes de la otra campaña en Playa del Carmen, Quintana Roo, la mayorí­a de ell@s ambientalistas. Ahí­ les platicó una vieja historia del viejo Antonio y la Comandanta Ramona sobre la necesidad de defender la tierra y la naturaleza y sobre la forma en que los pueblos indios mayas que luchan van dejando huella, y cómo hay que aprender a seguir esa huella.

Escuche aquí­ esa historia:

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Lea aquí­ la transcripción:

Playa del Carmen, Quintana Roo (16 /ene/06)
Reunión con medioambientalistas y simpatizantes

Ya se descubrió que la mayorí­a no es de aquí­ de Quintana Roo, o de Playa del Carmen, donde estamos ahorita. Querí­a contarles algunas cosas que tienen que ver con lo que se ha dicho aquí­, que tiene que ver con los que estamos aquí­. Hace muchos años cuando yo llegué a la Selva Lacandona, hace 22 años, conocí­ a un hombre, un sabio, que le decí­amos el Viejo Antonio. Alguna vez, platicando con él, le decí­a yo “porque no entendí­a muchas cosas, vení­a de la ciudad” que cómo era posible que después de tantos años, tantas guerras, tanto afán de conquista y de destrucción, los indí­genas mayas “porque nosotros somos indí­genas mayas” se mantuvieran resistiendo. Él me dijo que el secreto estaba en la tierra; que podí­an destruirnos a unos o a otros, pero que mientras la tierra estuviera, los árboles, las aguas, lo que se conoce pues como la tierra o la naturaleza, eso podí­a volver a alimentar y hacer crecer y a nacer, una y otra vez, a los hombres y mujeres de maí­z.

Por eso, para nosotros, para los zapatistas, y estoy seguro que para muchos de la Otra Campaña, la defensa de la tierra no es una cuestión de interés… no sé cómo decirlo… nada más snob, sino que es una cuestión de sobrevivencia. Esta sobrevivencia como cultura, como pueblos indios, depende también de la sobrevivencia de la naturaleza. En ese sentido, nosotros entendemos perfectamente y tienen en nosotros a los mejores alumnos para todo lo que nos han dicho.

Nosotros quisiéramos invitarlos a la Otra Campaña, a la Sexta Declaración y decirles que ahí­ van a encontrar la solución a sus demandas, pero la mentira no es nuestro modo. No van a encontrar las soluciones, van a encontrar más problemas: van a encontrar heridas, dolores, sufrimientos, de la tierra, de la naturaleza, como los que nos contaron, tal vez más terribles, tal vez iguales, pero igual de criminales. Pero también van a encontrar otra gente que quiere aprender, que quiere conocer y que quiere hacer algo. Si están buscando soluciones a sus demandas, el lugar no es con nosotros. Si están buscando gente que quiere aprender y entender esto y conocer más de estas heridas en otras partes, y encontrar a otras gentes como ustedes que están interesados en esto y luchar junto con ellos, aquí­ estamos. Primero, nosotros los zapatistas y, seguramente, compañeros y compañeras que vienen ahorita aquí­ de otras partes de la república, y compañeros y compañeras que están en otras partes en México escuchando lo que ustedes dijeron aquí­ y enterándose a través de los medios alternativos de comunicación y también de los medios de prensa conocidos.

Piénsenlo, nosotros pensamos que este espacio es para que se construya. Ustedes pueden construir ese lugar; el lugar de esta defensa, conservación y cuidado “porque no se trata sólo de conservar lo que ya hay, sino de cuidar para que siga desarrollándose” de la naturaleza. Este es el lugar, no va a haber otro lugar a nivel nacional que se construya así­. Los partidos polí­ticos van a tocar el tema ambiental según la zona y según el porcentaje de votos que les pueda traer, y al final, no va a haber solución, porque como lo explicaron bien aquí­, la polí­tica de destrucción de la naturaleza, de humillación, de desprecio y de explotación, es la misma, no importa el color del partido.

Nosotros pensamos que tenemos que construir las cosas así­ como las hicieron ustedes: independientemente de los partidos polí­ticos, con nuestras propias fuerzas, y con la razón que hemos podido construir unos con otros en el trabajo diario, en la investigación, en la ciencia y en la tecnologí­a. Y aprendiendo “como lo han señalado ustedes” de quienes estuvieron aquí­ antes de que llegáramos todos, antes de que llegaran los hoteles y las carreteras “y que en este caso nos une desde Chiapas hasta la punta de la pení­nsula de Yucatán”: el pueblo maya.

Esto es lo que les tengo que decir sobre este asunto y les quiero contar otra cosa, porque aquí­ llevo parte de la ofrenda que hicieron a la compañera Comandanta Ramona. También pasó hace tiempo. Hace aproximadamente 15 o 16 años, que yo la conocí­, y a ella le tocaba llevarnos a uno de los pueblos donde se estaba haciendo la explicación de cómo estaba la situación de nuestra lucha. Nosotros cada tanto explicamos a nuestra gente cómo vemos el mundo, el paí­s, nuestra lucha y nuestros pueblos. Y a ella esa vez le tocó dirigir la marcha. Ella era muy alegre y muy burlona. Decí­a de broma cuando le tocaba guiarnos a nosotros “porque ella era la única que conocí­a el camino” que nuestra lucha era buena, porque era lo primero en lo que la mujer iba adelante. Y bromeaba conmigo y decí­a: “cuando ganemos tal vez nos van a alcanzar ustedes, los hombres que todaví­a van detrás de nosotras y, entonces, en el nuevo mundo que queremos construir vamos a caminar uno al lado de otro!”. Y lo decí­a con burla porque la costumbre hasta entonces en las comunidades es que el hombre iba adelante y la mujer atrás, siguiéndolo.

Mi torpeza para caminar es legendaria en la Selva Lacandona y pronto lo será en el resto del paí­s. Yo me iba tropezando a cada rato y ella se adelantó. Aunque era muy chaparrita y chiquita pues caminaba como pirinola, o sea como que le daban cuerda y échale los jales, porque no la alcanzaba. Por supuesto, me perdí­. Por el peso yo iba mirando abajo y aprendí­ a seguir su huella. Iba dejando la huella “ella caminaba descalza, yo con botas”, iba dejando su huella… Bueno, si se adelanta mucho yo voy siguiendo su huella… Llegó un momento en que el suelo estaba duro, como aquí­. Yo no me habí­a dado cuenta y seguí­a viendo sus huellas y siguiéndola. Entonces, me paré a descansar, porque entre los pulmones y la pipa pues no, tampoco aguanto mucho. Y entonces me di cuenta por qué era que estaba dejando huella el pie de Ramona si el piso estaba duro. No sé si era un problema geológico, o algo así­, pero voltee a ver y no estaban mis huellas a pesar de que yo usaba botas y era del doble de estatura que Ramona. No entendí­a porque su paso dejaba huella y el mí­o no. Más adelante la alcancé por fin y le pregunté: !¿ya viste que tu paso sí­ deja huella y el mí­o no? “Así­ es de por sí­!”, dijo y se siguió.

No entendí­ entonces. Tiempo después, de vuelta otra vez “creo que esto fue en los Altos de Chiapas, es otro clima, hay mucha niebla” Ramona gustaba con jugar de que habí­a que caminar la nube, decí­a, porque llegaba un momento en que la niebla se acostaba completamente sobre las montañas y parecí­a que estábamos realmente caminando sobre las nubes. Volví­ otra vez a la parte de la selva y encontré al Viejo Antonio y le conté la anécdota de Ramona “ellos se habí­an conocido en una de nuestras reuniones”, y se sonrió y me dijo: “Te voy a contar una historia que cuentan nuestros más antiguos!”. Los nadie sabedores de nuestros pueblos indios, contaban que en los primeros dí­as les habí­an escogido a hombres y mujeres grandes, y los hicieron grandes porque grande era su tarea; gigantes, dirí­an ustedes, ellos usaban la palabra grandes. Y que a esos hombres y mujeres les tocaba, por su estatura, ir marcando el camino para que cuando se fueran muy lejos, la gente que iba atrás los viera de lejos, muy por encima de los árboles. Y que al principio así­ fue, pero llegó un momento en que esto despertó la envidia y el coraje de otros: de los chiquitos o de los pequeños, y se hizo el gran problema.

Se reunieron entonces los dioses primeros, los que nacieron el mundo y dijeron: “bueno, aquí­ ya hicimos un problema “ellos sí­ reconocí­an cuando hací­an mal las cosas, no como los gobiernos de ahora” y entonces, ahora, cómo le hacemos!”. Dijeron: “vamos a tener que esconder la grandeza de estos hombres y mujeres de alguna forma!” y decidieron hacerlos chiquitos, pero eran gigantes, nada más que de corta estatura. Pero entre que se estaban peleando y se poní­an a bailar con la marimba y todo eso “porque eran dioses muy alegres, muy bailadores” se les olvida un detalle y sí­ les modifican la estatura, pero no el peso. Entonces resulta que estos hombres y mujeres que eran gigantes, eran chiquitos, pero pesaban como gigantes e iban dejando huella.

Decí­a el Viejo Antonio que siempre habí­a que aprender para aprender el modo de los indí­genas mayas, habí­a que aprender a mirar hacia abajo. Decí­a que los caxlanes, los tzules, los conquistadores, que tení­an diferentes colores, diferentes nombres y diferentes nacionalidades, incluso mexicanos, que nos iban a ir oprimiendo a lo largo de todos estos años interpretaban que los indí­genas bajábamos la cabeza como un signo de humillación y obediencia. Dice el Viejo Antonio: “No, lo que estamos haciendo siempre es buscando la huella que es profunda; aprende a mirar abajo y atrás de que vayas de alguien y sigue la marca, sí­guelo, no lo pierdas, porque arriba no lo vas a encontrar!”.

Y entonces, !¿qué pasa después?, le pregunté al Viejo Antonio. Cuando esos gigantes mueren por fin, los dioses dejaron arreglado el problema que todos están pensando: cuando ya están finados, juntos, no va a haber tumba en la que quepan, porque aunque son pequeños de cuerpo, son grandes de estatura. Y entonces me dijo: “para eso es que está la ceiba, estos hombres y mujeres no pueden yacer tendidos; viven y mueren de pie y tienen que estar descansando después de dejarnos, de pie. Estas personas, estos hombres y mujeres, cuando mueren forman parte de la gran ceiba madre, que es la que los arropa!”.

Años después y todaví­a, sigo mirando mis pasos y no hay huella, pero sigo recordando el paso de Ramona y de otros compañeros que son los que nos dirigen y sigo viendo que aunque el suelo esté duro, sea árido, aunque haya cemento cuando han salido a la ciudad, siguen dejando una huella muy honda, y siempre me preocupo de ver para abajo para no perderla. Es con esa huella, la de nuestros compañeros que son los que nos dirigen, indí­genas mayas todos ellos “y lo digo aquí­ en tierras mayas”, como llegamos aquí­, y como vamos a recorrer todo el paí­s.

Y a lo mejor ustedes no se fijan y son mal pensados; que si miro para abajo les estoy criticando los zapatos que traen. En realidad, estoy viendo la profundidad de su huella. Y la que hemos visto hasta ahora es honda, firme y profunda. Va a ser un honor estar con ustedes, detrás, siguiéndolos, para juntos construir, de este paí­s, algo mejor, más justo, más libre, más democrático y que exista. Donde la naturaleza y el hombre dejen de estar compitiendo por quién mata a quién primero.

Esto es lo que les querí­a contar, porque parte de este homenaje que le hicieron a Ramona lo voy a entregar a su familia cuando regrese. Y la otra parte la voy a poner al pie de la ceiba, tenemos un campamento donde la vamos a recordar.

Gracias compañeros, gracias compañeras. Buenas noches.


 
 

6 Comentarios

  1. Monte | Jun 27, 2007 | 11:17 am | 

    saludos para todos mis hermanos indigenas de america y para todos los que somos indiegenas nativos y los que no son pero comparte nuestra causa, ” somos uno solo, somos un solo hermano en nuestra casa grande ”
    “numbro jí„mrogo jague, numbro jetba niegue ju krii nedte”

     
     
  2. angello | Aug 10, 2007 | 8:17 pm | 

    es muy simple, es muy sencillo, nosotros, quienes amamos nuestra tierra, nuestro planeta tierra, nuestra tierra mexicana, nuestra tierra regional, nuestro pedacito de tierra ejidal, la que sustenta nuestra casa, la que se vuelve paisaje en el horizonte, en nuestras plantas sembradas o hasta de adorno en una maceta con flores, nosotros…estamos hechos de tierra, de tierra noble, de tierra fí¨rtil, de tierra pura…de pura tierra..! nosotros no somos polvo, ni somos ceniza…somos tierra…llena de vida…llena de seres vivos que conviven con nosotros…pequeñí¬simos, medianos, grandes…verdes o andantes, voladores…de aire, de agua, de mar, de tierra…somos un ser viviente en armoní¬a con nuestra isla, nuestra nave espacial…la Tierra…con nuestro entorno el sistema solar…nuestra galaxia…somos seres cí²smicos…esta es nuestra tierra!

     
     
  3. Oma | Oct 11, 2007 | 8:31 pm | 

    Gracias por hablarnos de la huella de Ramona. Cuando andar se me ha hecho cuesta arriba, recordaba los robustos gemelos de una amiga con la que solí­a recorrer montañas en España. La fuerza en sus piernas se la debí­a a la jota aragonesa, ese baile collectivo en el que saltan y saltan sin apenas tocar el suelo. Cuando ya no me quedaban muchas fuerzas, me imaginaba esos gemelos marcando el paso delante de mi sin rendirse y siempre descubrí­a que podí­a continuar más de lo que habí­a imaginado.
    Es una suerte conocer personas que dejan huella y enseñan a caminar la nube.
    En este dí­a tan especial, enví­o un abrazo desde Madrid a todos los que caminais Ramona y espero que algún dí­a desde cualquier montaña toquemos la misma nube… una de bailes, risas y huellas ligeras. Gracias otra vez.

     
     
  4. Erick JImeno | Oct 14, 2007 | 6:24 pm | 

    cada vez más comprendemos, desde las voces de los hermanos indí­genas, desde su reverencial pertenencia a la ” Madre más primera”, que no habrá respuestas en la soledad de hombre, y que la unidad, los cantos comunitarios que aspiramos, surgen como maizales de laTierra, desde y junto a la Tierra, porque somos solo en el territorio y el hábitat que nos incluye y sustenta.

     
     
  5. magali | Jun 22, 2009 | 2:12 pm | 

    hola me gusta su pagina siempre entro i lo veo y leo

     
     
  6. EVELYN | Feb 27, 2010 | 7:24 pm | 

    ESTA HISTORIA ES VERDADERAMENTE ESTA BUENICIMA ESCUCHENLA ESTA SUPER ADIOS.

     
     

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